domingo, 16 de octubre de 2011

Sesgo, género y complementariedad

 No dejo de sorprenderme, y eso que ya no debería. Cada vez que me encuentro con un/a profesor/a de yoga (Hatha, Kundalini…)  pregunto:
  • -      ¿A ti te han contado en la formación del yoga algo sobre el útero de la mujer?
  • -       No.
  • -       ¿Quiénes te dieron clase?
  • -       Hombres.
  • -       ¿Cómo definirías el sistema que te enseñaron?
  • -       Masculino.

O sea, un yoga, un sistema de trabajo físico, emocional, mental y energético que no tiene en cuenta el útero del cuerpo de la mujer, porque sencillamente lo crearon hombres y lo transmiten (sobre todo) otros hombres.  Y, antes de que salten las alarmas de las mentes dicotómicas, aclaro: 
Esto ¿significa que estoy en contra de los hombres? No, claro que no. Significa que las mujeres tenemos que descubrir, redescubrir lo que a nosotras nos pertenece. Porque el sistema en el cual nos hemos movido, crecido, aprendido… ha sido y es un sistema mayoritariamente masculino.
Si ahondamos un poco en la psicología veremos que, por ejemplo, el porcentaje de mujeres que han sido objeto de abusos sexuales en su vida es mucho mayor que el de los hombres. Un ejemplo lo encontramos recopilado en la web del profesor de periodismo de investigación, psicólogo y escritor (autor del libro Qué hacemos mal con nuestros niños – El drama del menor en España), Pepe Rodriguez. En su libro ofrece algunas estadísticas impactantes:
entre un 28% y un 33% de las mujeres han sufrido abusos sexuales antes de los 15 años. Lo que lleva a estimar que las menores españolas de 7 a 14 años (2.528.707) que sufren abusos sexuales sean entre 708.038 y 834.473 (1984-1989).
* un 17 % de las mujeres han tenido experiencias de incesto antes de los 15 años (y entre un 2% y un 3% de los casos es incesto padre/hija). Lo que lleva a estimar que las menores españolas de 7 a 14 años que tienen experiencias de incesto son 429.880. Y mantienen algún tipo de relación incestuosa con el padre/padrastro entre 50.574 y 75.861 de ellas (1989).
* alrededor de un 10% de los hombres han sufrido abusos sexuales antes de llegar a la edad adulta. Lo que lleva a estimar que los menores españoles de 7 a 14 años (2.666.397) que sufren abusos sexuales sean 266.640 (1987).

Se trata de estadísticas de denuncias (imaginemos hasta dónde pueden elevarse las cifras de los abusos reales (que no son denunciados, bien por miedo, presiones familiares, etc o por haber quedado relegados en el incosciente de las víctimas más jóvenes).
En psicología tendría sentido que, si una de cada tres mujeres ha denunicado haber sido víctima de abuso, estos hechos no fueran sesgados: Fobias, bloqueos, problemas sexuales, de fertilidad, depresiones, ansiedad… pueden tener su origen en estos traumas. Y si una mujer de cada tres ha denunciado y le sumamos los casos de bloqueo insconsciente y los de silencio… ¿cómo no trabajar directamente estos traumas?  Pues porque Freud hizo flaco favor a la causa  y sus raíces aún están influenciando las corrientes psicológicas más ortodoxas (que pasan por alto estas cuestión tan básica). Freud se inventó los complejos de Electra y Edipo en un intento desesperado de negar estas estadíscticas y las que él manejaba, que eran superiores de mujeres (y hombres) abusados en su primera infancia. Décadas de psicoanálisis después, aún en nuestra cabeza podemos tener la sospecha de que no fueron más que fantasías o que la culpa fue nuestra, cuando se trataron de abusos. Recomiendo leer a Alice Miller (El saber proscrito).
Pero veamos un poco más.
No sólo en el camino de autoconocimiento, sino en la ciencia. Los medicamentos (si es que los usas) suelen ir acompañados de un prospecto en el cual poder ver las posibles contraindicaciones, la posología, la composición, etc. Pues bien, para que un medicamento se apruebe se realizan con él numerosas investigaciones (no voy a hablar de cómo o qué intereses hay detrás). Y, el sujeto que mayoritariamente ha sido objeto de estudio ha sido el hombre. Un estudio sobre “Influencia  del género en investigación clínica” del año 2004 del Servicio de Farmacia del Hospital Universitario Miguel Server de Zaragoza apunta lo siguiente:
“Durante muchos años las mujeres fueron excluidas de los ensayos clínicos basándose precisamente en que con la edad presentaban múltiples problemas de salud que dificultaban la investigación y la supuesta homogeneidad de los estudios de población (2).”
“La participación de la mujer en ensayos clínicos ha sido muy baja a lo largo de la historia de la investigación clínica produciéndose de esta forma sesgos de género. “
“Con el desarrollo de la farmacocinética se ha comprobado que los procesos de absorción, distribución, metabolismo y excreción, son claramente diferentes en ambos géneros (9-10) y, por otra parte, los factores farmacodinámicos responsables del mecanismo de acción del fármaco en cada sexo se ponen en tela de juicio, ya que apenas hay estudios de este tipo.”

O sea, que ya se sabe que el cuerpo del hombre y el de la mujer son diferentes y se comportan de forma diferentes ante el mismo medicamento y, sin embargo, si miramos en el Vademecum la posología de un medicamento, no vamos a encontrar ninguna referencia sobre este tema.
Sirva este ejemplo para considerar cuán lejos hemos estado como sociedad y cultura del aspecto femenino de la existencia: biológico, mental, psicológico o espiritual. Cómo nos hemos ido adaptando a una existencia en la que la medida era la masculina. No pretendo, ni muchos menos, establecer una lucha con el hombre. Más al contrario, creo firmemente en recuperar la identidad y la naturaleza femenina para, de esta forma, dejar de ser contrarios y acceder a ser complementarios. Pero para ser complementarios, primero las mujeres debemos recuperar nuestra propia naturaleza. Y los hombres, también.
Dice Amma (líder espiritual de India, mujer) que las mujeres de occidentes se han vuelto hacía la actividad, lo exterior, la lucha, lo mental; mientras las mujeres de oriente se han quedado recluidas en casa, en lo emocional, el interior. El equilibro, mirado así, está claro: abrazar los aspectos masculinos y femeninos en cada ser humano para crear un mundo mejor, más cuidadoso y evolucionado. Mientras en oriente, Amma anima a las mujeres a estudiar y trabajar. En occidente, los hombres y las mujeres, necesitamos mirar hacia lo femenino para establecer un balance entre desarrollo y respeto al medioambiente (la famosa sostenibilidad); entre la actividad (que alcanza lo frenético en occidente) y la pasividad (el justo actuar); entre la mente y el cuerpo (la unidad). Y en ese equilibrio, por fin, ganaremos tod@s.    

11 comentarios:

Lorena A. dijo...

Pues algo de esto te queria preguntar, Monica. Hace poco mas de un mes he empezado a practicar Pilates y eso de "mantener el 'centro' prieto" me parece contraproducente a mis esfuerzos por "relajar el útero". Incluso, este mes me ha vuelto a doler la regla. He pensado comentárselo a la instructora, tú qué opinas? Después de todo, Joseph Pilates también era hombre...

Mónica de Felipe dijo...

Hola Lorena:
Yo nunca he practicado pilates, así que no puedo decirte mucho sobre el objetivo que persigue ni los ejercicios. Pero me parece difícil que un cuerpo que no tiene un órgano pueda elaborar ejercicios para ese órgano.
Hay un dato más que es relevante. A los Encuentros de Mujeres suelen venir fisioterapeutas (algunas especialistas en suelo pélvico). Me suelen comentar que sí estudian en profundidad la anatomía del suelo pélvico en la carrera, pero del útero... nada.
A uno de los Encuentros vino una profesora y bailarina de danza del vientre. Ella da clases y se dio cuenta de que los movimientos siempre los hacía desde la tensión del bajo vientre. Apretaban el útero y los abdominales y comenzaban a bailar. Ahora, después de hacer la relajación del útero su baile ha cambiado.
Mi sugerencia es que pruebes y escuches a tu cuerpo.
Un abrazo.

Ines dijo...

Me gusto el artículo y enhorabuena por el blog y tu trabajo... No pude ir a tu taller en Madrid pero espero poder ir al próximo...
Me gustaría hacer una publicación de tu trabajo en mi blog www.mujeresencadena.es

Mónica de Felipe dijo...

Claro inés. Puedes llevartelo. Creo que las mujeres tenemos que empezar a reflexionar.

Maite dijo...

A cuenta de lo que comenta Lorena y de lo que comentás en el artículo, Mónica, después de hacer el taller en mayo le pregunté a mi profesora de yoga (que hace un yoga a su estilo, básicamente dirigido a mujeres, a que seamos concientes de que somos portadoras de una energía concreta: la femenina) si no era contraproducente unos trabajos que nos propuso. Se trataba de una serie de trabajos en los que teníamos que imaginar un hilo que partía desde el ombligo y desde él tirar hacia atrás. Según me respondió, uno de los objetivos del trabajo era fortalecer la musculatura que envuelve al útero y el tener dicha musculatura tonificada no tenía que ir de la mano con oprimir el útero, más bien lo contrario, en su opinión para que nuestro útero esté saludable debe estar bien recogido por los músculos que lo rodean. Ella nos mostró cómo estar en una posición erguida y tirando de ese hilo imaginario, ni siquiera ocultaba la curva del vientre (hizo el ejercicio ella para que lo veamos en su cuerpo).
Desde entonces intento hacer el ejercicio del hilo cada vez que me acuerdo y es cierto que me posiciona de una forma especial y, además, cada vez que tiro del hilo recuerdo que tengo útero.
Gracias por tu trabajo y por ponerlo a disposición de todas nosotras.

Mónica de Felipe dijo...

Hola Maite:
Sí. Es que no está reñido fortificar la musculatura (incluso la del útero) con tener los músculos relajados. Me explico:
Si un tejido muscular está tenso siempre, es imposible que pueda trabajar con él. Sin embargo, si el músculo está relajado entonces podré contraer y distenderlo a voluntad. Podré fortalecer mi útero, pero eso no significa que tenga que estar tenso o, más en concreto, espásmico. Al contrario. Os invito a relajar el útero primero y después os daréis cuenta de cómo se puede mover a tu antojo ese músculo y a trabajar con él.
Desde luego las abdominales y ejercicios del suelo pélvico, que yo sepa, tampoco están contraindicados.
Un abrazo, maite.

Ileana dijo...

Magnífico, querida!

Por eso digo que el objetivo teórico está en unificar a Ken Wilber con Casilda Rodrigáñez: algo que tú haces a la perfección!!!

Lorena A. dijo...

Gracias, Monica. La profesora lo explicó como que teniamos que meter esa zona (justo debajo del ombligo) para dentro "como cuando nos vamos a abotonar un pantalón que nos queda muy ajustado" y que el objetivo era "tener ese centro prieto todo el tiempo" incluso cuando no estamos haciendo los ejercicios. Hoy se lo voy a comentar y os cuento. Un abrazo!

Susana dijo...

Nunca he acudido a clases de yoga como tales, pero tengo unos vídeos de yogalates (mezcla las dos cosas) y creo que la manera de hacer los ejercicios al respirar incluyendo el bajo vientre y el suelo pélvico es bastante útil para el útero, si tomas conciencia de él. Al menos algunas respiraciones que hicimos el otro día en el encuentro de Tenerife me los recordaron un poco. Están creados por una mujer y pensados para mujeres, pero ya te digo que del útero no mencionan nada como tal.
Saludos.

Sonia Campra dijo...

Lorena, enhorabuena por tu intuición. Es contraproducente "mantener el centro prieto" (tal y como tu lo expresas). Os sugiero que veais este video. Está bastante claro. http://www.youtube.com/watch?v=mSjGRIsZFGk
Os sugiero que busqueis información sobre GIMNASIA HIPOPRESIVA. Es maravillosa y provoca una activación refleja (involuntaria) de la faja abdominal y suelo pelvico. Es una locura pretender ir todo el día con la faja abdominal metida hacia dentro. Esa acción continua descompensará las cadenas musculares provocando tensiones en diferentes partes del cuerpo.

Mónica de Felipe dijo...

Gracias Sonia por tu aportación. A mi tampoco me parece normal ir con un músculo tenso todo el día. Me parece bien fortalecer la musculatura, pero eso no es equivalente a tener un músculo en contracción permanente.
Un abrazo.

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